miércoles, 22 de septiembre de 2010

Parafraseando a Machado

Una mañana fría y parda de invierno…
Sí, ya sé que es una tarde, pero esta poesía siempre me ha hecho sentir triste, con una tristeza de estas que envuelven el corazón, de las que no te dejan casi ni respirar, que acumulan encima de tu estructura ósea, todo el peso del universo, hecho el cual casi te impide andar. Así me sentí la otra mañana, después de mi visita a Hacienda.
Triste es descubrir que Hacienda se equivoca, es como cuando descubres que tus padres “lo hacen”, parece imposible, ellos tan rectos, tan perfectos, tan justos, y resulta “que lo hacen”. Pues hacienda también, también se equivoca, increíble, pero cierto.

Lo primero que se te ocurre es preguntar ¿Cómo puede ser? Los que tratamos con este estamento, y sobre todo los contables, no nos podemos equivocar, no podemos estar enfermos, no nos puede fallar internet. El día del vencimiento, hay que cumplir, hay que presentar, no hay excusas posibles. Así, si a un contable le da el infarto el día que tiene que presentar el IVA, u otro impuesto, la Empresa debe tener un recambio que sepa como hacerlo, sino, hay multa, inspección y recargo. No te puedes equivocar, todo tiene que cuadrar, las bases, los porcentajes, sino: multa, inspección y recargo.
Pero ellos, los de Hacienda, no. Ellos se pueden equivocar, todo lo que quieran. Y eso es lo que está ocurriendo ahora. Algunas Empresas están recibiendo requerimientos sin sentido, de cosas ya cumplimentadas, de documentación ya presentada. Y eso, nos obliga a trasladarnos, dejar nuestro trabajo, pagar un parking, a esperar… Para que cuando al final, el funcionario de turno, decida atenderte, éste te mire con cara extraña. Y, después de un largo ritual, que consiste en: remover varias pilas de papeles, consultar la pantalla y algún que otro funcionario, más triste, más ruin, mas abyecto si cabe. Al final, con la altanería que da el cargo, te diga con tono rimbombante: “Rómpalo, es un error” A partir de aquí, ya es imposible racionar o relacionarse con él/ella. No hay sellos que justifiquen tu visita, no hay disculpas, no hay explicaciones, y así una vez y otra.
Pero esta vez, quizá sea el tiempo, o mi estado de ánimo, la gestión ha tenido un efecto sobre mí, de: ¡tocado y unido! La mirada abyecta, cínica, y la sonrisa socarrona del funcionario de turno, han podido conmigo. Y no es por mí, no es a mí a quien humillan. Yo al final, sólo trabajo. Es por los miles de empresarios “que se juegan los cuartos”, por los que están en la cuerda floja, y nosotros los trabajadores, con ellos. Gente que lucha, un día sí y otro también, para sacar una empresa adelante y con ello comer y dar de comer. Es por ellos/ellas, por quien lucharías, sacarías la espada, como lo hacían los caballeros, para defender sus señores o rescatar a la princesa del Dragón. Pero esta vez, los caballeros, si es que lo somos, no tenemos espada, y el monstruo, es demasiado grande.
Por eso, cuando hoy he salido del edificio de Hacienda, me han venido a la mente estos versos de Machado y me he sentido triste, como en esas tardes de lluvia, en la escuela, sin patio, con la mirada atenta del crucifijo, con los dos ladrones a ambos lados.
Una mañana parda y fría de invierno,
los funcionarios se equivocan, se ríen,
monotonía de lluvia,
los requerimientos son mentida,
nuestro tiempo y trabajo despreciado.
Un triste contable camina bajo la lluvia,
El portafolio lleno de papeles
que no sirven de nada…
Una mañana parda y fría de invierno,
monotonía de lluvia…
Quizá otro día lo explicaré en clave de humor, hoy no.

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