jueves, 7 de octubre de 2010

El Capazo de mi Abuela.

Hoy me he enterado, que mi supermercado, cobrará las bolsas de plástico. No hay más remedio, hay que proteger el medio ambiente y reciclar. Para de esta forma salvar la tierra. ¡Quién se puede negar!
Tal como lo veo, más que los verdugos de la tierra, como nos intentan hacer creer. Somos una vez más, las victimas del consumismo, pero no del que hemos escogido nosotros, libre y voluntariamente. Sino el que nos ha sido impuesto por las grandes firmas comerciales. El lema ha sido: dar, para crear una depencia, que con el paso de los años, ha devenido en necesidad. Y ahora que ésta existe, es cuando unos y otros, hurgan en lo más hondo de nuestra conciencia, en nombre del medio ambiente, para acto seguido, hacer lo que mejor nos sale a todos, cobrar.
Con el tiempo volveremos al capazo, pero ¿Cuál? El de mi abuela, no se rompió nuca, lo vi en casa, hasta que la abandoné para casarme, y cuando mi madre murió, el capazo seguía ahí. Incluso llegué a pensar, que hubiésemos tenido que enterrar a mi abuela con el capazo, siempre que me la imagino, la veo allí con el capazo en una mano y la otra cogida a mí. Sin embargo, el que compré hace dos meses, ya no tiene asas.
El capazo, servía para todo, iba con nosotros al cine. Si, si… al cine, dentro había la gaseosa, los vasos de aluminio, el pan, el chocolate y el papel higiénico, por si había alguna emergencia. Con él, llevábamos los envases al colmado, a la Bodega o a la Lechería, porque entones, se reciclaba de manera natural. Los yogurts eran de vidrio y te cobraban el envase, ahora si tu lo devolvías, dabas el vacio y te lo devolvían lleno, no había contenedores. Así ocurría lo mismo con la leche, la cerveza, el sifón, el Vichy, etc., etc., etc.…
Un buen día, alguien tuvo una maravillosa idea, que nos iba hacer la vida más fácil a todos ¡los envases serán de plástico!, ¡Fabuloso!, no había que llevar el envase, te daban la botella de leche, y cuando se acaba, la tirabas, era fantástico. Las empresas de reparto, ganaban tiempo, y se ahorran un salario, el del ayudante de la furgoneta. Y mis colegas y yo, nos ahorramos muchas broncas. !Ya no se nos podían romper las botellas¡ Ya podíamos ir al descampado a jugar a futbol, sin peligro de que el balón, rompiera la botella. Y es que los balones de la época, tenía una rara vocación, por romper las botellas de cristal. ¡Todo era maravilloso! Se acabó el trasiego de llevar envases, arriba y abajo. Además te daban en “El Súper”, una bolsa de plástico. De este modo, ibas con las manos vacías…, y al volver… una cómoda bolsa de plástico, te ayudaba en el trasporte, ¡era el progreso…!
Con el tiempo todo éste plástico se ha convertido en nuestro enemigo, y ahora nos “acusan” de acabar con el medio ambiente. Y uno se pregunta: ¿y no era esto el progreso? ¿Quién lo inventó? ¿No debería ser él quien pagase las bolsas? Y sobre todo: ¿dónde está el capazo de mi abuela?
Si uno sigue la jugada. Si, ya sé que se dilata en el tiempo, no podemos por menos que quedarnos: confusos/alelados  a la par que indignados. Hagamos un pequeño análisis.
1.       Las grandes industrias de la alimentación, cambian los envases, con el consiguiente ahorro, en manipulación, recogida e higienización.
2.       Nos acostumbran al plástico, inimaginable volver al vidrio y al sistema antiguo.
3.       Además con el tiempo, agrupan sus mercancías en packs. Lo que supone. Más plástico y además cartón.
4.       Y ahora nosotros, si queremos el producto, debemos pagar por éste y no podemos escoger las unidades que queremos, debido al sistema de packs.
5.       Encima es nuestra responsabilidad, deshacernos de todo ello, una vez consumido.
¡Hombre ya está bien! Esto es un abuso y las autoridades deberían darse cuenta. El reciclaje, debería correr a medias entre los centros comerciales y las industrias de alimentación, ¡Ya está bien de cargarle el muerto, siempre a los mismos!
En cuanto a lo de las bolsas, pues verá usted, mi abuela, la buena mujer no tenía otra cosa que hacer, que ir con el capazo. Pero cualquiera de nosotros, no creo que nos veamos, todo el día con el capazo a cuestas. Tendríamos que cogerlo para ir a la oficia, a la obra o a la fábrica, para de esta forma, tenerlo con nosotros, así que al salir del metro, antes de ir a casa por la noche, ya estaría con nosotros, para pasar por el súper. ¡Un poco de decencia! ¿Qué no hay contenedores para reciclar? Dedico más tiempo al reciclaje, en mi casa que al bricolaje.
Sinceramente, pienso que alguien, no está en su sano juicio. Una vez más, “nos toca”, como siempre a los mismos, sacar las castañas del fuego.
 Y sobre todo: ¿dónde está el capazo de mi abuela, que no se rompía?

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